El docente y médico integrante de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva, Arnaldo Dubin, analizó el “aumento explosivo” de contagios que se registraron en los principales centros urbanos del país en estos últimos días.

“La realidad epidemiológica es obvia: un aumento explosivo en el número de casos, una pendiente en ascenso enorme, que era predecible viendo lo que pasó en el hemisferio norte y en Brasil. Una parte importante de la población había decidido que la pandemia había terminado. Por lo tanto, las conductas eran predictivas sobre la magnitud de esta segunda ola que estamos teniendo, pese a que aún  no empezó el frío”, sostuvo el profesional.

Según Dubin, durante la primera oleada de la enfermedad “no colapsamos” por la cuarentena estricta que “salvó decenas de miles de vidas no solo fortaleciendo un sistema sanitario que estaba destruido, sino fundamentalmente disminuyendo la velocidad del crecimiento de la enfermedad, de modo que todos los pacientes pudieron ser atendidos adecuadamente”.

“Ahora no hay restricciones y la gente se está comportando de una forma temeraria. Además hay nuevas variantes del virus cuyo rol todavía no es claro, que podrían ser más contagiosas e incluso más letales, y las vacunas llegan a cuentagotas. Como contrapartida de todo esto tenemos un sistema sanitario que está más debilitado de lo que estaba en la primera ola”, comparó el también jefe de Terapia Intensiva del prestigioso Sanatorio Otanmendi de la ciudad de Buenos Aires.

Respecto a la debilidad del sistema de Salud, Dubin señaló que no se debe a los recursos materiales sino a los humanos, que es imposible en el mundo contar con terapistas de un dia para el otro.

“Esto no resulta que tengamos menos camas de terapia o menos respiradores, sino que es producto de la sobrecarga descomunal a la que fuimos sometidos, especialmente los intensivistas. Nosotros ya éramos pocos antes de la pandemia, la enfermedad diezmó nuestras filas con contagios -que no volvieron a trabajar- y muertes. Muchos no nos hemos ido de vacaciones, estamos exhaustos y no hemos tenido respiro. Nuestra condición física y anímica está muy deteriorada. Y esta fatiga menoscaba el rendimiento, y en términos crudos significa que la mortalidad en Terapia Intensiva aumenta, como ocurrió en Ciudad de Buenos Aires”, enfatizó.

Y agregó: “La mortalidad no solo está vinculada a las características de la enfermedad y del paciente, sino que está independientemente determinada por el mes de ingreso. La mortalidad se fue incrementando, y esto es producto del estrés del sistema, particularmente de los intensivistas. Nuestras condiciones de trabajo y sueldos no han mejorado y el sistema está notablemente estresado”.

“En la ciudad y provincia de Buenos Aires, en el sector privado es prácticamente imposible conseguir una cama, no solo en terapia sino en el área general. Tenemos que pensar que este aumento tan elevado recién va a tener su impacto en la internación en una semana o diez días. De modo que te hace verosímil la situación de Brasil donde está colapsado no solamente el sistema sanitario sino también los cementerios”, destacó.

Para Dubin, “estamos en una situación dramática, estamos cayendo en el abismo de un desastre sanitario sin precedentes y es necesario tomar medidas. La única medida posible en este momento es restringir drásticamente la circulación. Hay políticos que están mirando una película distinta en este año electoral, pero es imprescindible hacer algo, ya no hay tiempo y es necesario ganar tiempo para vacunar a la mayor cantidad de personas vulnerables posible”.